CAMBIO DE MENTALIDAD: VIAJAMOS EN UN COCHE ELÉCTRICO
Hace dos años
mi amigo Pepe decidió cambiar de coche y ante el desconcierto que se había
generado entonces y el temor sobre la desaparición de los coches de gasolina y
gasoil, se compró un coche eléctrico, concretamente un Volkswagen ID4 GTX con
una potencia de 299 CV. Desde entonces he podido conducirlo bastantes veces,
casi siempre en entorno urbano, ya que cuando vamos juntos suelo conducir yo.
En su caso
casi la totalidad de desplazamientos son cortos: menos de 100km. al día (como
mucho 250) y además tiene la ventaja de poder cargar las baterías en el garaje
de su casa o en el apartamento de la playa en verano. Hasta aquí mi opinión del
coche era: muy bueno, muy cómodo pero no tiene “alma”: es un ordenador con
ruedas y volante.
Casi a finales
del año pasado nos surgió a los dos un viaje a Bilbao y decidimos hacerlo en el
coche eléctrico para ver cómo funcionaba en un viaje largo (612 km.), teniendo
como idea inicial parar a hacer recarga de batería en Zaragoza. Como teníamos
que llegar a la hora de comer, decidimos salir temprano por si las moscas, y
así fue: a las 7 empezamos el viaje con la noticia de que un frente frío
cruzaba la península.
A nivel de
datos: salimos con 5º y 390km de autonomía. En coches eléctricos la velocidad
no debe superar los 120km/h para que la autonomía sea digna, pero con lo que no
contábamos era que a partir de Barracas (Castellón) la temperatura bajó a -3 y
por la zona de Teruel pasamos a -7. Este descenso de la temperatura hizo que
la autonomía bajase, casi de repente en 100km. Y aquí empieza el martirio
del coche eléctrico: “no llego, tengo que cargar batería”. De hecho en USA se
ha llegado a identificar “el síndrome de la autonomía” (Range Anxiety)
como la obsesión de quedarse sin batería en el coche eléctrico. Menos mal que
en el GPS aparecen todos los puntos de recarga.
Nos tocó hacer
la primera parada en la provincia de Teruel: de los tres cargadores, uno estaba
estropeado y los otros dos ocupados: 20 minutos de espera y casi 45 más de
tiempo de carga y además sabiendo que antes de llegar a Bilbao nos tocaría
recargar otra vez. En esta ocasión tuvimos suerte y el cargador estaba libre
(solo invertimos 45 min).
Al llegar a
Bilbao (bastante más tarde de lo previsto), dejamos el coche en el hotel (con
punto de recarga gratuito) para cargar el 100% de la batería.
Al día
siguiente, al volver, tres cuartos de lo mismo: con temperaturas de – 3º, dos
recargas y sin pasar de 110-120 km/h. Paramos en Teruel a hacer el 80% de carga
y entonces fuimos a exigir prestaciones: una aceleración brutal y velocidad
máxima capada a 180km/h, más que suficiente.
Todo esto me
ha hecho plantearme varias cosas:
- 1. No creo, por tecnología, que el coche eléctrico llegue a imponerse.
- 2. Para conducir uno de estos vehículos tenemos que cambiar el “chip”. La manera de conducir es distinta.
- 3. La actual infraestructura de recargas es completamente insuficiente.
- 4. Hay que tener en cuenta la climatología para calcular la autonomía de las baterías.
- 5. Si tus desplazamientos son cortos, el coche eléctrico es una opción válida.
- 6. Salvo que tengas cargador en el garaje de casa no hay tanto ahorro, ya que cargando en postes externos (no domésticos), el coste por 100 kilómetros puede oscilar entre 7 y 15 €., muy parecido a coches con motor diésel o gasolina actuales.
- 7. Cuidado con las ayudas a la compra del coche eléctrico: se imputan como incremento de renta.
Y hasta aquí
mi aventura, distinta, con el eléctrico.
Gracias a todos por leer el artículo, disfrutad conduciendo y si os ha parecido interesante, suscribiros y compartid. Hasta pronto!!!!!
Foto de CHUTTERSNAP en Unsplash

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